Dieta gruñona

  •  Mayo 9, 2021


Si comes mucho, te pones triste. Si desaparece del plato, la ira permanece. Después de todo, ¿por qué algunas personas se ponen nerviosas cuando sienten hambre? Estudio australiano explica.

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Algunos se parecen a la belleza.


Pero solo unas pocas horas sin comer para revelar tu lado Bestia.

A menudo, fruncir el ceño y el aparente mal humor se pueden explicar al comer.

O más bien, por falta de ella.


Según un estudio de la Universidad de Sydney (Australia), cuando no comemos durante mucho tiempo, la glucosa en la sangre cae, lo que afecta directamente al cerebro.

Lo que es complicado es que, si bien los aminoácidos y los ácidos grasos pueden hacer que los órganos y tejidos funcionen, la glucosa es el principal combustible de este órgano.

Sin ella, el cerebro funciona más lento.


Y reduce los niveles de serotonina, un neurotransmisor que mejora el estado de ánimo, calma el sueño y alivia el dolor.

Con él fuera de balance, perdemos el control.

Los científicos llaman a esta condición "hambre" (la suma de las palabras inglesas "hambriento", hambriento, con "enojado", nervioso).

Además, la falta de azúcar en la sangre desencadena la producción de cortisol y adrenalina, las hormonas del estrés.

Con esta química, la bomba está armada.

Para desarmarlo, debes comer.

Come bien, que quede claro.

Después de todo, demasiadas calorías resuelven el problema, pero su efecto es rápido, a diferencia de las consecuencias que aparecen en la escala.

Así que tenga cuidado con las dietas restrictivas y los largos períodos de ayuno.

La ilusión de que es posible perder peso de esta manera puede verse nublada por el caos personal.

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