Asalto a la conciencia

  •  Abril 17, 2021


¿Conoces el robo de un refrigerador al amanecer? Puede que no sea lo más inteligente, literalmente. El estudio relaciona el hábito con el daño cerebral.

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La noche continúa y afuera, solo los perros ladran. Es hora de dejar los bocadillos.


Numerosas investigaciones previas han relacionado los refrigeradores nocturnos con el desarrollo de obesidad y diabetes tipo 2.

Ahora, según un estudio del Departamento de Neurobiología de la Universidad del Noroeste, en colaboración con la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), comer tarde por la noche puede afectar la capacidad de aprendizaje y la memoria.

La explicación está en nuestro reloj biológico.


El llamado ciclo circadiano influye cuando dormimos, nos despertamos, comemos e incluso a qué horas del día estamos físicamente más fuertes.

El propósito de este mecanismo interno es alinear el reloj interno del cuerpo con el ritmo de la vida en el entorno externo, que se rige las 24 horas del día.

Originalmente se creía que este sincronismo estaba controlado únicamente por el núcleo supraquiasmático del cerebro, que se ve afectado por la luz natural captada por la retina.


Sin embargo, otras regiones de nuestro cuerpo estaban relacionadas con este trabajo, como el hipocampo, la región del cerebro responsable de la memoria.

Aparentemente, el hipocampo recibe estímulos distintos a la iluminación.

Cuando el reloj interno del cuerpo se desvía del entorno externo, como el desfase horario, nuestro cuerpo reacciona con funciones cognitivas deterioradas.

Los síntomas son fallas en la memoria y el aprendizaje.

Con el mundo trabajando cada vez más por la noche, bajo la luz artificial de los dispositivos, todos los noctámbulos y las personas sin dormir se agrupan en un grupo de riesgo peligroso.

Y así, el momento en que comemos nuestras comidas entra en esta ecuación.

Los experimentos con cobals alimentados a veces controvertidos por el ciclo circadiano de estos animales revelaron consecuencias en su comportamiento.

Se registraron cambios en el hipocampo, el hígado y las glándulas suprarrenales. Y en la llamada plasticidad sináptica del cerebro, con pobres resultados de pruebas cognitivas también.

Esto significa que las funciones de memoria y aprendizaje se han visto afectadas por el momento en que se comen los alimentos.

Stendhal ●●LIVE ●●@Asalto de conciencia●●(26/05/17) (Abril 2021)


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